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Comprender para acompañar

Comprender el desarrollo para acompañar mejor

Los niños desarrollan capacidades motoras, emocionales y cognitivas en etapas predecibles. Cuando entendés cómo y cuándo aparecen estas habilidades, podés identificar qué necesita cada niño para dar el siguiente paso.

Desarrollo Motor

El desarrollo motor avanza por etapas. Si un niño no desarrolla competencia en las habilidades motoras fundamentales (correr, saltar, lanzar, atrapar) entre los 2 y 7 años, enfrenta lo que Gallahue llama «barrera de proficiencia»: una dificultad creciente para acceder a actividades físicas más complejas. Y eso afecta su confianza, no solo su coordinación.

Por eso las habilidades motoras fundamentales son el alfabeto del movimiento. Igual que aprender a leer requiere dominar letras antes de palabras, el movimiento requiere dominar habilidades básicas antes de deportes complejos. Gallahue muestra que estas se desarrollan entre los 2 y 7 años, y sin evaluación objetiva, muchos niños pasan a deportes sin tener la base necesaria.

Desarrollo Emocional

La regulación emocional se aprende en el vínculo con el adulto. Un niño no nace sabiendo identificar sus propias emociones y sentimientos. Por ejemplo, no sabe cómo calmarse cuando se frustra — aprende observando y siendo acompañado por un adulto que puede regularse.

Si el adulto reacciona con ansiedad o enojo ante los errores del niño, probablemente está enseñando desregulación, no regulación. Y esto es especialmente importante entenderlo porque la autorregulación y la gestión emocional requieren funciones ejecutivas que maduran lentamente — un niño de 6 años no puede «calmarse solo» como un adulto porque su cerebro aún está en desarrollo.

Desarrollo Cognitivo

Las funciones ejecutivas (atención, planificación, inhibición) maduran con el tiempo y son entrenables. Carmelo Pittera sostiene que el movimiento es pensamiento en acción: cada vez que un niño se mueve, está planificando («¿cómo voy a hacer esto?»), organizando secuencias, monitoreando su ejecución, y ajustando sobre la marcha.

Estas son las mismas habilidades cognitivas que necesita para concentrarse en clase o resolver problemas. Cuando un niño «no presta atención» puede estar enfrentando tareas que exceden su capacidad ejecutiva actual. Ajustar la complejidad a su nivel de desarrollo crea las condiciones para el aprendizaje significativo, en cualquier contexto.

Estos tres dominios se entrelazan

Un niño que todavía está construyendo el control de su cuerpo se frustra más rápido. Un niño emocionalmente desbordado tiene dificultades para atender. Las funciones ejecutivas en desarrollo limitan la planificación de movimiento complejo.

El adulto que entiende esto empieza a acompañar el sistema completo. En lugar de corregir comportamientos, facilitás desarrollo.

De la teoría al acompañamiento concreto

Si querés identificar qué necesita cada niño que acompañás, la consultoría y la evaluación funcional traducen esta teoría en un mapa concreto.